100. El vacío


99. Los Galgos

Un par de meses más adelante del encuentro con la mujer que él había creído que fue la que mejor lo quiso en la vida se le diagnosticó un agujero macular. Esto ya lo sabemos. Recordemos ahora que más o menos un año después de la operación que cerró con éxito ese agujero en la mácula, ante las quejas de él en el sentido de que seguía viendo mal, el cirujano Daniel Charles le diagnosticó una maculopatía miópica, que nada tiene que ver con un agujero macular, o por lo menos en este caso, y le recomendó, el cirujano, ya que su caso permite ser optimistas, una serie de tres o cuatro inyecciones, a una por mes, para mejorar o, incluso, curar la maculopatía. Estas inyecciones, que no requieren cuidados anteriores más que algunas gotas en el ojo izquierdo durante las 48 horas previas y otras gotas durante la semana siguiente a la operación, se ponen en un quirófano con anestesia local. Por eso, alentado por su oftalmólogo, que ya resolvió un problema, él acepta el tratamiento de tres o cuatro inyecciones que, como es obvio, se completará en tres o cuatro meses.


98. El ojo

La mirada ve lo que quiere. O no ve.

Diane Arbus: Freak con rosas

Ruth Orkin: Desde su ventana

Annie Leibovitz: Alicia para Vogue

97. Otra historia

Jacek Yerka a solas
Imágenes de este mundo

I

Instalación I *

II

Instalación II *

III

Instalación III *

* Los títulos son nuestros.

96. Etcétera

Buenos Aires a solas
Santa Fe al 3900

I

Obras inútiles

II

Hermann

III

El kiosco de Luis

95. Resumen

Jacek Yerka es un pintor polaco (Torun, 1952) demasiado rápidamente etiquetado como surrealista. Sus imágenes tocan algo secreto, algo secreto incluso para uno mismo, y a eso quizás deben su impacto y su carácter de revelación. Uno ve en las escenas de Yurka algo que imagina o que desea sin saberlo: un universo plantado de otra forma ante la mirada, una puesta en crisis del sentido de realidad, o una iluminación a la manera de las cosmogonías proféticas y atávicas dominantes en la India y en China: el mundo, por ejemplo, plano o casi plano -no esférico- sostenido por elefantes a su vez sostenidos por una tortuga que, a su vez, está en el agua o vuela en el espacio.

Imagen de archivo

Jacek Yerka *

*Gracias @helenal2010

94. Anexos

Chica Americana en Italia, foto de Ruth Orkin tomada en Florencia (1951)

Durante mucho tiempo esta foto de la estadounidense Ruth Orkin promovió discusiones equivalentes a las que produjo El beso (1950) del francés Robert Doisneau. La pregunta era: ¿es una toma espontánea, obtenida sin previo aviso, o es una imagen producida? Muchos años después Ninalee Craig, la protagonista de la foto, declaró que ella y Ruth Orkin se conocieron casualmente en Florencia http://today.msnbc.msn.com/id/44182286/ns/today-today_news/t/subject-american-girl-italy-photo-speaks-out/#.UN2tnW_rzx4. Orkin la vio pasar por esa esquina poblada por hombres, se le presentó y le pidió que volviera a pasar para obtener la instantánea. Las dos viajaban solas y lo continuaron haciendo juntas. Chica Americana se convirtió en un ícono del feminismo. Otra versión de la propia Craig sostiene que primero se conocieron y que después combinaron para salir el día siguiente a sacar fotos. Como sea, este fue el resultado globalmente conocido. Y también:





Etcétera.

Ruth Orkin (1921- 1985) fue hija única de la actriz de cine mudo Mary Ruby y de Samuel Orkin. Creció en Hollywood entre los años 20 y 30, luego a mediados de los 40 fue fotógrafa de Life, Look y otras revistas. En su madurez y desde su departamento frente al Central Park, documentó lo que desde allí veía: los cambios de las estaciones observados desde su ventana. Estas fotografías las plasmó en dos libros: A World Through My Window (1978) y More Pictures From My Window (1983).

93. El vacío

I

Foto de Annie Leibovitz para Vogue*


* Sobre Annie Leibovitz y su extraordinaria producción fotográfica, que continúa su curso, http://es.wikipedia.org/wiki/Annie_Leibovitz y buscar Imágenes en Google. Entre muchas otras cosas Leibovitz le tomó las últimas fotos a John Lennon antes de su asesinato el 8 de diciembre de 1980.

II

La única señal de que en la Plaza Sicilia, frente al Rosedal, en los bosques de Palermo, se alzaba el casco de la quinta de Juan Manuel de Rosas está en el Aromo del Perdón http://scriptvidareal.blogspot.com.ar/2012/12/60-anexos.html y http://scriptvidareal.blogspot.com.ar/2012/12/61-etcetera.html
En una piedra al pie del aromo y en piedra con letra que el tiempo desdibuja todavía alcanza a leerse: Aromo de Manuelita. Lugar histórico. Testimonio de una de las épocas más importantes de la vida nacional. Homenaje de la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires.


III

Borges por Diane Arbus (circa 1969)

92. Los Galgos

No vamos a escuchar nada más acá.
Y no vamos a volver a ver nada o casi nada de lo que vimos.
La escena está terminada pero al mismo tiempo algo permanecerá de esta escena en las inmediaciones de la historia que continúa.
Sivori, para tratar de despejarlo, para intentar que piense en otra cosa y no en las historias equivocadas le propone que vean una película de Steven Shainberg en la que Nicole Kidman interpreta a la fotógrafa neoyorkina Diane Arbus. El director, un hombre que no ha llegado todavía a los 50 años, vivió en los '90 en un monasterio zen y sus películas son una deriva independiente que a veces se detiene en personajes inquietantes: es el caso de An Imaginary Portrait of Diane Arbus (2006), una mujer conmovida y obsesionada por el mundo de los freaks. En 1972 fue la primera fotógrafa estadounidense invitada a la Bienal de Venecia y el MoMA produjo su primera exposición retrospectiva. Arbus se había suicidado en 1971. Por este camino, entonces, el de la fotografía y las mujeres, Sivori y él, entran en los imaginarios de Diane Arbus, de Ruth Orkin y de Annie Leibovitz.

Bill Murray en Flores rotas de Jim Jarmush (2005)

La última vez que vio a su padre comprobó que no tenían nada que decirse, nada que preguntarse, nada en común. Su padre estaba internado en el Hospital Fernández en espera de un diagnóstico y cuando él fue a verlo le dijo que pagaría cualquier cosa, su padre, por tomar un café y fumar un cigarrillo. Entonces él le dio su impermeable y lo ayudó a ponérselo y juntos bajaron en un ascensor enorme, apto para camillas, pensó él, salieron a la calle y fueron hasta un bar que había en la esquina. Lloviznaba. Al lado del bar había un kiosco. Él compró un paquete de Marlboro box y un encendedor Bic. Después se sentaron a una mesa, la primera que encontró a su paso el padre, y pidieron dos cafés, y fumaron. Él también fumó, quizás para tener algo que hacer, algo con que entretener las manos mientras observaba la mirada del padre que estaba detenida afuera, en algún punto o alguna cosa en la calle que estaba o parecía estar, si es que era algo y no nada, a espaldas de él. Su padre había adelgazado un poco, tenía el bigote gris y mal cortado, y parecía ensimismado o, también le pareció posible a él, fuera de todo. En los diez o quince minutos que estuvieron en el bar casi no hablaron. Su padre le pregunto: 1° por su hermano, es decir por el hijo menor del padre; 2° por su madre, la madre de él y de su hermano; y 3° por Racing, quería saber cómo iba Racing. En estos intercambios breves, ya que las respuestas de él podrían resumirse, las tres, en una sola palabra: Bien, el padre no desvió la mirada de la ventana y no lo miró. Pero él vio que tenía los ojos marrones con algunas estrías de sangre y nublados, no por lágrimas sino por imágenes que él jamás sabría cuáles eran. De modo que por fin pagó los dos cafés y se fueron. El padre, sin decir nada, se guardó en un bolsillo del pijama que tenía debajo del impermeable los cigarrillos y el encendedor.

Steven Shainberg, An Imaginary Portrait of Diane Arbus (2006)

91. El ojo

I

Don Johnston es un hombre de mediana edad que vive voluntariamente solo después de haber atravesado por lo menos cuatro relaciones de pareja. Un día recibe un anónimo en el que se le dice que tiene un hijo adolescente que lo está buscando. Incitado por un vecino que es detective Johnston comienza un viaje hacia ese pasado de amores pasados en el que progresivamente se irá encontrando con un vacío creciente.
Sinopsis y fichas técnicas de la película de Jarmush pueden consultarse en http://www.imdb.com/title/tt0412019/ y/o en: http://es.wikipedia.org/wiki/Flores_rotas
En cuanto a la película en sí sólo cabe verla.

II

El agujero macular, por fin, le confirma el cirujano Daniel Charles con un tono que no disimula por completo el orgullo, ha quedado cerrado y bien cerrado. Es decir, la operación realizada hace un año ha sido un éxito completo. Pero él todavía no ve bien, le dice al cirujano, Ve, con el ojo izquierdo, como si tuviera un punto ciego. De modo que el cirujano le ordena nuevos estudios que se realizan en la misma clínica de la calle Río Bamba entre Córdoba y Paraguay y el diagnóstico es inapelable. El tiene, ahora, una maculopatía miópica. Y esta maculopatía miópica no tiene nada que ver con el agujero macular. Se ha producido con absoluta independencia. Lamentable pero cierto. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, tal como se dice. Pero en su caso, le dice el Dr. Charles, es posible que una serie de inyecciones en el ojo mejoren o curen el mal. Serían en principio tres inyecciones, a una inyección por mes, o eventualmente cuatro. El cirujano, es claro, le sugiere que se haga este tratamiento de inyecciones. Es una pavada, dice.

III


Lisieux

IV

Un twit:

Vivimos enamorados de ilusiones ópticas.

V

¿Cómo se sale de un infarto? Si los médicos te reciben en lo que ellos llaman una ventana que -si no se trata de un infarto masivo de esos que te matan de una- es un período de aproximadamente seis horas desde el comienzo de los síntomas, hay muchas posibilidades de zafar con una angioplastía http://scriptvidareal.blogspot.com.ar/2012/12/87-anexos.html una operación que se realiza con anestesia local y que suele desarrollarse en más o menos poco tiempo. Después, cuando el paciente le pregunta a su clínico por qué tuvo un infarto apenas a 20 días de hacerse un chequeo exhaustivo en el que le dio todo, completamente todo, bien, el doctor Hevia le dice que es imposible prever, y en consecuencia prevenir, en qué momento una placa se desprenderá del lugar que ocupa normalmente y obstruirá una arteria. #Eso

VI

María se va. Sivori le presta a él su auto, un Volskwagen Fox negro, para que la lleve al aeropuerto. Y él lo hace: la pasa a buscar por el departamento de Carola y la lleva a Ezeiza. El diálogo siguiente transcurre en el auto, casi sin que se miren, y quizás sea mejor así, piensa él, puesto que quiere hacer un par de preguntas bien concretas y, es más, desagradables, como por ejemplo: ¿Cuándo volvés? y ¿Quién es ese alguien? Por eso ella dice que no sabe exactamente cuándo porque no sabe cuántos días deberá quedarse con su madre en Lisieux, por un lado, y por otro porque tampoco sabe cuánto tiempo le llevará despedirse amistosamente de Pierre, un dibujante parisino de comics con el que estuvo de novia un año pero un año en el que se vieron poco porque ella estaba siempre en Bruselas, hasta que terminaron, pero ahora, ella ya a bordo de su año sabático y dispuesta a pasarlo en Buenos Aires, Pierre no se resigna a que todo haya terminado y le ha propuesto y le propone, una y mil veces, volver a estar juntos. Esto, es obvio, es lo que más le duele a él porque piensa que es algo que puede suceder, que a último momento María y Pierre reinicien la relación que tuvieron y que había terminado y que él, acá en Buenos Aires, se quede, como se dice, colgado del pincel. Pero ella le dice que no, que no será así, y le repite que vuelve a París para ayudar a su madre a instalarse en Lisieux, para despedirse después de Pierre, y para cerrar el departamento del Pasaje Dauphine. Y que entonces regresará. Entre otras cosas, le dice, ella a él, porque sabrá, ella, que él la está esperando.

VII

Maculopatía miópica

90. Otra historia

I

Quienes escribieron sobre la vejez, empezando por Cicerón, rondaban los sesenta años. Hoy el sexagenario sólo es viejo en sentido burocrático, por haber llegado a la edad en que generalmente tiene derecho a una pensión. Al octogenario, salvo excepciones, se le consideraba un viejo decrépito de quien no valía la pena ocuparse. Hoy, en cambio, la vejez, no burocrática sino fisiológica, comienza cuando uno se aproxima a los ochenta años. (...) El desplazamiento ha sido tan grande que el curso de la vida humana, dividido en tres edades tradicionalmente y también ahora en las obras sobre el tema del envejecimiento y en los documentos oficiales, se ha prolongado en la llamada "cuarta edad". Nada prueba mejor, sin embargo, la novedad del fenómeno que comprobar la falta de una palabra para designarlo: también en los documentos oficiales a los agés les siguen los très agés. Quien les habla es un no mejor definido très agés, dice Norberto Bobbio en las primeras páginas de De senectute.

II

Sivori y Jim Jarmusch se conocieron en el mes de septiembre de 2005 en el marco del Festival de Cine de San Sebastián. Sivori terminaba de filmar su tercera película, Mensajes de voz, y Jarmusch venía de obtener en mayo el Gran Premio del Jurado del Festival de Cannes por su película Broken Flowers y le contó a Sivori, una noche, mientras tomaban vodka en un bar frente a la playa de La Concha, que había escrito el guión antes del estreno de Lost in Traslation de Sofia Coppola pensando que el personaje de Don Johnston debía representarlo Bill Murray.
Jarmusch y Sivori tenían entonces la misma edad: 52 años. Flaco, muy alto, con el pelo blanco y un rostro juvenil, Jarmusch bebía y fumaba y hablaba en una noche clara y templada mientras el mar rompía con mansedumbre en la playa y Sivori lo escuchaba embelesado. Si a alguien y si algo admiraba Sivori, en el cine, eran a Jarmush, a sus films y a sus estrategias para mantenerse a salvo de los compromisos con las corporaciones.
Por eso cuando Jarmush le preguntó por sus películas lo primero que pensó Sivori era que se trataba de una formalidad amistosa y cordial, pero pronto comprendió que lo hacía con interés genuino. Así que le habló, Sivori a Jarmusch, de una manera acotada y breve de sus tres películas: Parra, de 1995; El cuerpo, de 2000; y Mensajes de voz, de ese mismo 2005. Jarmusch, entonces -y Sivori quedó perplejo- le dijo que había visto El cuerpo en una copia que le había pasado su mujer, Sara Driver, que la había visto en el Festival de San Petersburgo cuando El cuerpo obtuvo el Premio del Público.

III

María Fournier se va, vuelve a París para acompañar a su madre en la mudanza a una granja en las afueras de Lisieux en la Baja Normandía. Después volverá a Buenos Aires. No sabe bien cuándo. Porque además de la mudanza, cuando regrese a París, tiene que cerrar el departamento del Pasaje Dauphine y debe despedirse de alguien. ¿De quién? De alguien. De alguien, además, que no quiere que ella se venga a Buenos Aires. Él no dice nada. Sivori le pregunta si la decisión de todas maneras está tomada. Carola propone que brinden. No volverán a verse, ella y María, hasta dentro de un año porque Carola se quedará en Bruselas. Él no dice nada. No puede decir nada. No está en condiciones de agregar una sola palabra más porque el tema de la despedida de alguien le cortó la respiración, le nubló le vista, le hizo -como se dice- un nudo en el estómago. Sí, le dice María a Sivori, no sé cuánto tiempo me llevará eso, pero no hay vuelta atrás. Se levanta un poco de viento y los manteles sobre las mesas del patio del restaurante del Museo Evita, en la calle Gutiérrez, se agitan. Pero el cielo está estrellado y no hace frío. Y él se encuentra pensando que creía que nunca más le pasaría una cosa así.

IV

Julie Delpy y Bill Murray

V

Love loves to love love.

(Joyce, Ulises)

89. Etcétera

I

Naught had, all's spent,
Where our desire is got without content.

(Shakespeare, Macbeth, Act 3, Scene 2)

II

El fin con la mujer que no busca hombres sino sparrings, recordemos, se produce el mismo día, a la noche, en que a él el cirujano Daniel Charles le realiza una operación en el ojo izquierdo para cerrar un agujero macular. Esa noche, poco después de la intervención, van a comer algo en un restaurante que está en la esquina de la casa de él y a ella se le ocurre, de pronto -como en general se le ocurrían las cosas que en seguida desembocaban en roces y enojos, es decir, para él, de una manera imprevisible y por lo tanto, al mismo tiempo, incomprensible-, que lean un par de trabajos que la dramaturga debe entregar dos o tres días después. Es decir, que él, con un parche en el ojo pero que le cubre casi la mitad de la cara, escuche, mientras comen, los trabajos que ella, ya, empieza a leerle. Y no es dramatizar demasiado si recordamos que él acaba de salir de una operación traumática, que sobrelleva un notable stress desde por lo menos quince días antes -cuando fue programada la intervención-, que tiene molestias en el ojo y en los alrededores del ojo todavía dormidos bajo el parche y que, si bien todo se hizo con anestesia local, él, a los efectos, fue considerablemente sedado. Entonces ella no acepta la propuesta de leer esos materiales el día siguiente y mientras él come algo escucha lo que ella lee y desliza pequeñas sugerencias de corrección o algunos comentarios. Hasta que le dice, él, que una palabra no le gusta y le sugiere otra. Entonces ella estalla: primero sigue leyendo sin contestar y cada vez más rápido y después, cuando él le sugiere que si no está de acuerdo descarte la sugerencia, ella deja de leer y dice algo más o menos ofensivo que él ya no recuerda pero sí recuerda que le dijo que lo estaba maltratando. La discusión subió de tono y por fin, cuando llegaron de vuelta a su casa, donde ella se iba a quedar a dormir para hacerle compañía, se supone, y para ayudarlo a dormir boca abajo y no girar hacia su costado izquierdo, él le dijo que se fuera. Y a pesar de los intentos de ella por descomprimir, ahora, la situación él le repitió que se fuera, le dijo que si necesitaba algo tenía a quién llamar, la agarró de un brazo, la llevó hasta el ascensor, bajaron, le abrió la puerta de calle, la cerró de inmediato y volvió al departamento. Entonces sintió, cuando cerró la puerta y se quedó solo, un alivio infinito.

III

Quiero saber de quién es mi pasado.

(Borges, All our yesterdays en La rosa profunda)

IV

Twits:

El cobarde está hecho de deseos insatisfechos.*

En la CABA hay 16.353 personas viviendo en la calle.

Las polémicas empiezan cuando se pierde la razón.

(* Idea robada en Twitter a @cuasifeliz con su consentimiento).

V

Él ahora quiere releer qué dice Norberto Bobbio sobre la vejez. Quiere releerlo ahora. Entonces sucede lo que sucede: comienza a buscar el libro y no lo encuentra por ningún lado. Sabe que lo tiene, sabe que tiene que estar, sabe que su lugar es junto a otros dos libros de Bobbio: Derecha e Izquierda y Autobiografía, pero no los encuentra. Él busca concretamente De senectute publicado en 1996, ocho años antes de la muerte del filósofo en 2004 a los 94 años.

VI

Où sont des morts les phrases familières,
L'art personnel, les âmes singulières?

(Valéry, El cementerio marino)

VII

James Joyce

88. Resumen

*

El contenido explícito de las próximas citas textuales del diario no afectará la sensibilidad de los lectores. O la afectará de otro modo.

Te quiero entero. Besame mucho.
Me gusta que cumplas tus promesas. Mis fantasías. El pasillo de tu casa.
Me gusta que riegues las plantas con linterna.
Me gusta mi vida. Y tu piel suavecita.
(Un lunes)

Lo bueno de hoy es que dormimos juntos
(Un miércoles)

Hace un rato que te fuiste con Mora dormida en los brazos (que se olvidó sus regalos). Tenía los cachetes llenos de purpurina.
Te extraño Juan en mi cama porque te amo.
(Un jueves)

Que te pongas de pie para que te chupe la pija es una reverencia para mi boca.
Yo me arrodillo con veneración y calentura.
(Un viernes)

Neurótico. Esta mañana quise matarte. Malhumorado. Enojadizo. Lindo. Mío.
(Un miércoles)

Etcétera.

*

María fuma marihuana y con los ojos húmedos y los labios cerrados en una de sus sonrisas plácidas, amorosas, le acaricia una mano. No deja de acariciarlo. Hace comentarios sobre la película que miran y le acaricia la mano izquierda.
¡Ha pasado tanto tiempo desde todos los fracasos!
O a lo mejor no tanto, por lo menos desde el último, pero en este momento a él le parece una eternidad. Enamorarse borra la memoria de cualquier sistema y, lo que es peor, alienta la ilusión de que hay una felicidad posible, quizás perecedera pero posible.
Él se desliza sobre ella, la besa, le huele el pelo, le muerde el cuello, y ella le acaricia la cabeza, los hombros, le araña la espalda, separa y recoge las piernas.
La película es Flores rotas, con Bill Murray, Jessica Lange, Julie Delpy, Heather Simms y Sharon Stone entre muchos otros y fue realizada por el director independiente Jim Jarmush en 2005.

*

Los capítulos de algunas historias que nos acompañan desde los primeros días van terminando. De hecho es posible que después de un par de entradas más dos de esas historias, por lo menos, desaparezcan. Es decir, desaparezcan de Script / Vida real 2.0 (Una historia en construcción). También es posible que, como se dice, alguna de esas historias se echen de menos, o se extrañen. De hecho, yo mismo voy a echar de menos una de ellas. Pero es indispensable que termine porque de lo contrario lo que tendría por delante son sólo aguas pantanosas.

*

Mora, su hija, vivía con él. Nunca sabrá hasta qué punto objetivo este hecho si se quiere simple, familiar, cumplió un papel fundamental. Pero él siempre ha sentido y siente que lo cumplió, que fue fundamental que Mora viviera con él. Porque cuando pudo regresar al departamento, cuando pudo hacerlo de una manera precaria movida más que nada por la ignorancia de lo que le estaba pasando y por la necesidad -él pensaba que era una necesidad: que si volvía a su casa y se recostaba esa fatiga infinita que lo había atacado se le pasaría, la fatiga y el entumecimiento de los brazos-. Hay infartos agudos de miocardio que no producen los síntomas más difundidos, vamos a decirlo con todas las letras: hay infartos agudos de miocardio que no producen dolores en el pecho ni en el brazo izquierdo ni en ningún lado. Sólo, producen, esos infartos, fatiga intensa, peso fuerte en el pecho al que se le llama efecto pata de elefante, y entumecimiento de los brazos desde los codos hasta las manos. O por lo menos esos fueron los síntomas que él tuvo. Por eso ni se le ocurrió pensar que se trataba de un infarto. También porque él no entraba en las variables de riesgo habituales o más difundidas: no tenía sobrepeso, el colesterol y los triglicéridos le habían dado perfectos en un análisis de sangre realizado 20 días antes, y no fumaba desde hacía más de 10 años. Por eso pensó que se trataba de una caída de presión, por ejemplo. Y cuando no pudo más se sentó en un banco, en la vereda del Botánico, enfrente de su casa. Pero el cuadro no mejoró. Así que decidió cruzar y volver a su departamento aunque no estaba seguro de que las fuerzas, tal como se dice, lo acompañarían. Pero lo acompañaron. Y en su casa estaba Mora, es claro, y Mora llamó por teléfono a su clínico, y su clínico, el doctor Jorge Hevia, le dijo a Mora que lo más rápido posible pusiera a su padre en un taxi y lo llevara a la guardia del sanatorio Mater Dei, y que él, el Dr. Hevia, llamaría en ese mismo momento al sanatorio para que cuando Mora y su padre llegaran los estuvieran esperando.

*

Él le pregunta y María le dice que habla así, casi sin acento, porque si bien el castellano es para ella su lengua materna muy rápido aprendió también el francés, a tal punto que se la considera bilingüe, lo cual fue un antecedente más para postularse como traductora simultánea en la Unión Europea en Bruselas. Y también porque estuvo muy poco en Buenos Aires, un par de veces antes de hoy, y que eso no alcanza para pegarle el acento a nadie si es que el castellano de los porteños tiene acento en comparación, por ejemplo, con el castellano de los cordobeses, aquí en la Argentina, o con el castellano de los españoles. Y dice:
   -Pero no entiendo por qué se te ocurren preguntas así en este momento.
   Y él le dice:
   -Porque siempre hay que saber en qué lengua se coje.

*


*

Ha resuelto, él, no leer todo el diario. No está dispuesto a hacerlo. O no puede hacerlo. Algo le restituye, como a un adicto que se ha curado, una ecuación del amor y del erotismo que sin embargo fuga como fugan las pasiones y al mismo tiempo un desgarro, una fisura por la que se escapa lo que creía que eran sus mejores recuerdos de una historia de amor. Y en su lugar se planta una pregunta que por supuesto no le devuelve nada: ¿Y si él no supo cómo hacerla sentir querida?

87. Anexos

*

Michel Siffre (1939) es el espeleólogo francés que en 1962 vivió durante dos meses a 114 metros bajo tierra en el interior de un glaciar subterráneo en la frontera franco-italiana sin reloj ni nada que le permitiera registrar el paso del tiempo.*

   * Citado por Georges Perec en 86. El vacío (Georges Perec, Nací, Eterna Cadencia 2012).


*

Sivori dice, y ha dicho siempre, que él no le puede reprochar a él que haya utilizado cosas que le pasaban a él, a Sivori, para escribir su última novela. Quizás, sí, que no haya cambiado los nombres de Pina Bosch, la mujer de enfrente, y de Carola Holms, a la que Sivori conoció a través de Pina. Pero también es cierto que Carola, cuando leyó el libro, no se molestó, no le dio importancia, y se desentendió en seguida del asunto. Es obvio que él no conocía ni a Pina ni a Carola en ese momento. Tampoco hace tanto, apenas un par de años. Pero las películas y las novelas se olvidan más rápido de lo que uno cree. Pina no se enteró. Estaba demasiado ensimismada, demasiado ocupada preparando su propio fin. Yo al principio no me dí cuenta de eso. Y cuando me dí cuenta ya era tarde. Pina tenía 43 años y Carola 39. Es decir, vos tenés la misma edad que Carola. Y en cualquier momento vas a aparecer en alguno de sus libros.
   -Yo no soy Carola -dice María-. Yo lo mato.

*

Un twit:

Las adicciones no son malas. Lo que es malo es que a veces te matan. Y que otras veces te curás.

*

Él cree que nadie queda del todo bien después de curarse de una adicción. Algo habrá perdido su elasticidad: o la percepción o la memoria o el pensamiento. En ocasiones, temible, lo que pierde alguien que se cura de una adicción es la elasticidad de los sentimientos.
Y si se le discute esta convicción, él, con ironía, dice: Remember George Bush.

*

Maculopatía miópica

*

El contenido explícito de las próximas citas textuales del diario puede afectar la sensibilidad de los lectores.

Anoche te quedaste dormido sobre mi espalda con tu pija descansando en mi culo. Respirabas como un hombre y yo debajo tuyo, muy quieta, muy blanda, sentía el movimiento rítmico de la respiración en tu cuerpo. Esa respiración me tocaba, me cojía, y yo me calentaba. Dormías y me cojías. Yo me movía imperceptiblemente como la respiración y te cojía.
No me animé a despertarte.

*

Angioplastía

86. El vacío

*
Algunas de las cosas que en todo caso tendría que hacer antes de morir:

Me gustaría tener tiempo para leer a Henry James.
Aprender italiano.
Vivir una experiencia "fuera del tiempo" (como Michel Siffre).

Y hay, por último, cosas que ya resulta imposible plantearse, pero que hubieran sido posibles no hace tanto tiempo, por ejemplo:

Emborracharme con Malcolm Lowry.
Conocer a Vladimir Nabokov.

(Georges Perec)

*

Café Los Galgos (Callao y Lavalle. CABA)

*

En la miopía progresiva, a partir casi siempre de las seis dioptrías y con el paso del tiempo, suelen aparecer alteraciones más o menos graves como la atrofia corioretiniana, el desprendimiento de retina y la maculopatía miópica.
La maculopatía miópica se caracteriza por la aparición de un punto ciego de tamaños variables en principio en el ojo con mayor miopía, el izquierdo en el caso que nos interesa.

*

Ella no lo recuerda pero el diario sobre la relación con él que escribió durante un par de meses hace años tiene pasajes de una deliberada intensidad. Algunos de estos pasajes (como se ha insinuado ya en citas anteriores) atraviesan el erotismo y la sexualidad con un lenguaje llano y una sinceridad conmovedora.

*

Infarto agudo de miocardio

*

El contenido explícito de las próximas citas textuales del diario puede afectar la sensibilidad de los lectores.

Chupar una pija no es besar una boca. Eso es lo bueno o, mejor dicho, la otra parte de lo bueno. Lo bueno sigue siendo chuparla, pasarle toda la lengua, pasarle los dientes, tragarla.

*

Si uno tiene un agujero macular una cuadrícula se ve más o menos así.