Casa de Té en el Pasaje Dauphine (París)
79. El vacío
Ella es alta y tiene el pelo rubio oscuro cruzado por algunas canas. Usa una pollera corta, una musculosa y balerinas negras y un bolso amarillo mostaza colgado del hombro derecho. Se sientan a la mesa de un bar, en una terraza, mirando hacia La Placita, que está a una cuadra, y ella extiende las piernas, cruza los pies y enciende un cigarrillo. Todavía fumo ¿sabés? Poco, pero fumo. Y me gusta hacerlo en momentos como este, en el que lograste que no pensara en nada malo, en ninguna de esas cosas que me provocan un poco de angustia... Puedo hablar de mi madre horas sin ponerme mal. Incluso puedo hablar de la muerte de mi padre sin que me signifique nada tortuoso. Al contrario. Pensaba recién que a lo mejor, entre nosotros, que no nos conocemos, es necesario que lo haga. No porque por eso me vayas a conocer mejor sino porque son huellas que la vida nos fue dejando y que han hecho de nosotros el reverso de lo que somos. Pero ya sin rencores, ni con los hechos ni con los protagonistas. Entonces me digo que es un buen momento para tomar un café y fumar un cigarrillo. Si estuviera en casa y sola a lo mejor me haría un porro y fumaría un poco de marihuana. No sabés cuánto me gusta mirar películas un poco fumada, dice ella, y él siente que han entrado en contacto, ella y él, a través de una red no sólo invisible sino sobre todo secreta y que se han reunido en un punto concreto, tangible, uno de esos puntos que hacen del vacío el mejor lugar para refugiarse de los estragos que esperan en casi todos los caminos. Ella dice todo lo que dice y sonríe, y él le mira las piernas, el pelo, la boca cuando fuma, las manos, y piensa que este es el momento justo para ponerse a salvo de esta mujer o de aceptarla para siempre. Las historias de amor se escriben solas.
78. Los Galgos
Tiene razón Sivori cuando le dice que Carola y María antes que sofisticadas están inscritas por las circunstancias o por los modos de sus vidas laborales. No están donde están sólo porque quieren sino porque para estar donde están es necesario algo en el orden del desprendimiento y de la moderación. No se puede pretender que la gente se entienda mejor gracias a tu trabajo si no hacés tu trabajo con una dedicación que a veces se pone por arriba de todo, como una exigencia. Mi hija se llama Mora, dice él, cumplió 24 años, recién se recibió de arquitecta y tiene una enorme imaginación para diseñar edificios, proyectos nuevos, en medio de espacios condicionados por otros edificios tanto o más originales o creativos que el que vendrá a sumarse. El mes que viene empieza una pasantía en el estudio de Pelli para el edificio corporativo de una empresa en Puerto Madero Sur. Mora vivió conmigo los últimos tres años y ahora se fue a vivir sola a Colegiales. Nos vemos seguido, casi siempre almorzamos juntos una vez por semana, y hablamos. Es muy dulce y sé que le hace bien sentir que sigo cerca de ella... Qué bueno, dice María, yo no quise tener hijos con un hombre al que amaba, hace diez años, por mi trabajo. Puse el trabajo por encima de una vida familiar. Al principio me sentí feliz y fuerte con la decisión, dice, hoy no estoy tan segura pero ya está, el tiempo pasa y las mujeres vamos quedando afuera de alguno de los mercados posibles, el laboral, el familiar, el artístico, ¿no? Caminan por Palermo, ella y él, sin urgencia, sin un destino inmediato, reconfortados todavía sin saber hasta qué punto por este encuentro que ninguno de los dos podía imaginar apenas un par de días atrás. Esta noche, de todas maneras, él recibirá un mail, también inesperado, de la chica que el creía que mejor lo había querido en la vida, en el que le dirá que a pesar de que ella no recuerde de qué diario escrito por ella hablaba él y de que les habían sacado fotos en Pedraza, Segovia, cuando viajaron juntos un invierno a Madrid, no entendía por qué no se los había devuelto. Y que se había puesto a pensar, le dirá, y que sí recordó que él siempre, en el fondo, le había parecido un hombre oscuro, frío y sin amor.
Granite Mountain. Little Cottonwood. Utah
(EE UU)
En
los túneles excavados en la roca de esta montaña se guardan
los archivos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos
Días, también conocidos como mormones: millones de registros
genealógicos de habitantes de todo el planeta. También los tuyos. ¿Para
qué los quieren? A nosotros también nos gustaría saberlo.
77. El ojo
La verdad es que a veces extraño el Pasaje Dauphine. Es raro vivir en una calle tan tranquila en pleno Saint-Germain. Me encanta tomar el té en ese barcito y quedarme a leer cuando hay sol, no me importa si es invierno o verano. Cortázar, cuando tenía su estudio por ahí cerca, iba muy seguido. A veces hablé con él, yo era muy chica y me hacía gracia un hombre tan alto y tan simpático que hablaba conmigo no por compromiso o educación sino porque le gustaba. Una vez me pidió que le contara la historia de mi madre. Yo ya sabía que él era un gran escritor. Siempre andaba con un libro en la mano. Un día se lo dije y él me dijo que era su acompañante fóbico. Y se rió... Pero en el fondo ya no quiero saber más nada con París. A diferencia de mi madre yo nunca me llevé del todo bien con la familia de mi padre. Gente pretenciosa. Pequeñoburgueses maleducados que creen que pueden atropellar a todo el mundo. A mí me parece que se preocuparon más por guardar las formas y esconderse en el silencio que por entender por qué se suicidó mi padre. Ese, por motivos diferentes, es un punto de contacto que tienen con mi madre y creo que fue a partir de esa coincidencia que nunca, ni siquiera en secreto, le echaron la culpa a ella. Yo conozco apenas Buenos Aires. Pero voy a aprovechar este año acá y voy a decidir si a partir del año próximo cuando no tenga que estar en Bruselas me vengo a vivir a Buenos Aires. París es muy atractiva pero me sofoca. Y yo ya estoy vieja para andar de sofocón en sofocón. Ella, María, se ríe cuando él le pregunta cuántos años tiene y le dice Bueno, es una manera de decir... 41, dice, acabo de cumplir 41 años y todo el mundo sabe que esto para una mujer es una catástrofe. Entonces, para cambiar de tema, ella le pregunta a él por su hija: ¿Y tu hija, Juan? ¿Cómo te llevás con tu hija?
Gente sin techo (CABA). Y fuera de foco.
76. Otra historia
Así que fueron a comer a Guido, en República de la India, y después volvieron al departamento de Carola en Cerviño y Lafinur para ver 06/05 de Theo van Gogh, que a él le interesó menos de lo que le interesa a Sivori seguramente por motivos diferentes. Y María Fournier se mostró amigable y servicial: preparó las copas, abrió una caja de chocolates que había traído de Bruselas y se sentó junto a él, en un sillón de dos cuerpos, para ver la película. Y él no pudo ni quiso dejar de mirarle las piernas, las manos, la boca: una mujer consistente. Entonces quedaron, él y María Fournier, en volver a verse en un par de días.
Ahora, dice María, su madre quiere irse a vivir al campo, a una casa que su padre tenía en la Baja Normandía, cerca del mar y no muy lejos de París. Su madre, Julia, ya no quiere hacer más nada y vivir de una huerta y algunos animales le llena los ojos de vida. Por eso ella, María, en un año sabático, ha venido unos días con Carola a Buenos Aires. Los planes son estos: Carola se quedará todo un año en Bruselas, María se vendrá a Buenos Aires ese año y vivirá en el departamento de Carola; después de este viaje de toma de contacto María volverá a París y asistirá a su madre en la mudanza. Después regresará ya para quedarse.
La madre de María, Julia, había nacido en Rosario y después había pasado una temporada en Buenos Aires, donde conoció a Paul Fournier. Siempre ha contado la madre de María, que fue un amor a primera vista. Entonces se fue a París con Paul Fournier, y se casaron allá, y vivieron en la casa de él en el Passage Dauphine, 6e Arrondissement, y ella siguió viviendo en esa casa con ella, con María, después de que el padre de María una noche se suicidó en un hotel de mala muerte de la Rue des Écoles sin que hasta el día de hoy ella, María, su hija, haya podido saber si había habido una causa -siempre la hay en un suicidio- que pusiera a ese hombre en el camino del final, pero su madre siempre insistió en que su marido no tenía ningún motivo, a fines de los años '70, absolutamente ninguno, para tomar una decisión como esa.
Ahora, dice María, su madre quiere irse a vivir al campo, a una casa que su padre tenía en la Baja Normandía, cerca del mar y no muy lejos de París. Su madre, Julia, ya no quiere hacer más nada y vivir de una huerta y algunos animales le llena los ojos de vida. Por eso ella, María, en un año sabático, ha venido unos días con Carola a Buenos Aires. Los planes son estos: Carola se quedará todo un año en Bruselas, María se vendrá a Buenos Aires ese año y vivirá en el departamento de Carola; después de este viaje de toma de contacto María volverá a París y asistirá a su madre en la mudanza. Después regresará ya para quedarse.
La madre de María, Julia, había nacido en Rosario y después había pasado una temporada en Buenos Aires, donde conoció a Paul Fournier. Siempre ha contado la madre de María, que fue un amor a primera vista. Entonces se fue a París con Paul Fournier, y se casaron allá, y vivieron en la casa de él en el Passage Dauphine, 6e Arrondissement, y ella siguió viviendo en esa casa con ella, con María, después de que el padre de María una noche se suicidó en un hotel de mala muerte de la Rue des Écoles sin que hasta el día de hoy ella, María, su hija, haya podido saber si había habido una causa -siempre la hay en un suicidio- que pusiera a ese hombre en el camino del final, pero su madre siempre insistió en que su marido no tenía ningún motivo, a fines de los años '70, absolutamente ninguno, para tomar una decisión como esa.
75. Etcétera
I
Maculopatía óptica
II
Ella no recuerda que fueron juntos a ver Terciopelo azul en un ciclo dedicado a David Lynch en la Lugones. Pero sí recuerda que a él no le había gustado Duna que era del '84, dos años anterior a Terciopelo azul y que también la dieron en aquel ciclo de reposiciones. Y recuerda, ella, la chica que él creía que era la que mejor lo había querido en la vida, que a él le había gustado El hombre elefante y que le había dicho, ella, a la salida del cine, mientras en la calle Corrientes hacía calor y había olor a mugre, que si le gustaba El hombre elefante a él no le gustaba Lynch.
De todas maneras, hasta en eso, le dice ahora él, en el café Los Galgos, había sido ella precoz, en la devoción por David Lynch hace tantos años. Y ella se ríe pero dice que no cree haber sido tan precoz como él dice sino más bien una adolescente tardía y dispuesta a epatar.
III
Área 51. Desierto de Nevada (EE UU)
La base
militar secreta menos secreta del mundo. Ha salido en infinidad
de películas y series de televisión, desde Día de la Independencia hasta Los expedientes
secretos X. Aunque el Gobierno de Estados Unidos se empeñe en
negarlo, allí se guardan artefactos extraterrestres.
IV
Por fin, ante la insistencia de Sivori, él le dice que sí, que de acuerdo, que irán a comer esta noche con Carola y con María; le dice que acepta el comentario de Sivori acerca de que no son chicas sofisticadas sino que tienen medios de vida muy poco convencionales si se los mira desde Buenos Aires; y le dice, él, por otro lado, que también acepta la idea de Sivori de que no le hará nada mal, a él, salir un poco, ventilarse, y pensar en otra cosa.
74. Resumen
*
Algunas de las cosas que en todo caso tendría que hacer antes de morir:
Dejar de fumar.
Vestirme de una manera completamente diferente.
Vivir en un hotel (en París)
Ir de Marruecos a Tombuctú a lomo de camello en 52 días.
Encontrar la solución del cubo mágico.
(Georges Perec)
*
La literatura ya es sólo festivales, ferias, concursos y residencias creativas. Una pasarela. Nada.
Eso le dice a Sivori, y piden otras dos cervezas y un par de platitos de jamón y queso.
Y si eso no es la literatura es lo que pasa con la literatura que se publica. Más de los mismo. Oropeles. Figurones hablando al pedo. Intelectuales presumidos nunca se sabe de qué.
RIP.
Por las dudas, hablemos sólo de la escritura, dice él. La escritura, podemos aceptar, tiene sentido. Pero ese, su sentido, es privado. A nadie le interesa el sentido público de la escritura porque no sirve para ir a un festival o para dar una entrevista por televisión con el alma en paz.
Y siempre, dice, no sin ironía, es más reconfortante escribir un par de twits ¿no?
En Europa hubo una sola cosa peor que Angela Merkel: Margaret Thatcher.
O:
Ciento cuarenta caracteres valen más que mil palabras.
O:
Las gaviotas matan a las ballenas. Por eso hay que matar a las gaviotas.
*
73. Anexos
Su existencia nunca ha
sido oficialmente reconocida, es probable que se trate de una leyenda
urbana nacida al calor de la Guerra
Fría , pero
¿quién sabe? Muchos piensan que Metro 2 (línea D-6)
existe: una red
secreta de transporte subterráneo construida en la época
de Stalin para el traslado de la alta jerarquía soviética y
de vehículos militares.
72. El vacío
Esta es una obra de ficción y sus personajes y situaciones son completamente imaginarios. Cualquier similitud con personajes o situaciones del pasado o del presente es puramente accidental, y no se los debe identificar con ninguna persona o hechos reales.
I
Pero ¿y él?
¿Fue presa de una ilusión óptica y no se dio cuenta de que había caído
en una de esas redes tendidas precisamente para eso, para atrapar entes que le
sirvieran, a ella, de alimento y goce?
Sí, se dio cuenta.
Y no sólo eso, en apenas tres o cuatro meses tuvo evidencias del
carácter explosivo de ella que hacía volar en añicos las maneras de la
moderación.
¿Tuvo entonces responsabilidad o participación en los estragos de que
fue objeto durante un par de años?
Sí, las tuvo.
Pero no pudo, casi nunca ha logrado hacerlo, sustraerse al
empecinamiento de la conquista. Y cuanto, en apariencia, más difícil, más
lejana o inacceseble, más.
Todo esto se entendería mejor en términos
freudianos. Sin embargo la intención de esta historia es apelar a un sistema de
comprensión de la realidad independiente de los sistemas imperantes en el siglo
XX.
II
Por eso -se anticipó en 68. Etcétera- la
obra de Louise Bourgeois resulta tan difícil de comprender por el
psicoanálisis: porque parece inspirada en el psicoanálisis, o porque parece una
máquina de promover interpretaciones psicoanalíticas.
Hay un texto de
Bourgeois explícito en otro sentido. En castellano, aproximadamente, dice:
Tengo miedo del
silencio.
Tengo miedo de la
oscuridad.
Tengo miedo de
caer.
Tengo miedo del
insomnio.
Tengo miedo del
vacío.
¿Hay algo
perdido?
Sí, algo está
perdido y siempre estará perdido:
La experiencia de
la vacuidad.
Extrañar.
¿Qué extrañas?
Nada.
Soy imperfecta
pero no extraño nada.
Tal vez falta
algo pero no lo sé y por eso no sufro.
Estómago vacío,
casa vacía, botella vacía.
La caída en el
vacío señala el abandono de la madre.
Es un poema. Y es una declaración, o una
manera de enunciar una política de la intimidad y de la
creación. Como cuando
Bourgeois, en otro texto, dice: Tengo miedo del poder. Me pone
nerviosa. En la vida real. Yo me identifico con la víctima.
Louise Bourgeois tenía miedo del vacío. Y
ese era el sentido de sus obras. O de sus visiones.
III
Hoy Max Legget, William Leonard Gates y
Robert Williamson se disputan el trono del Reino de Redonda. En los años '90 John
Wynne-Tyson abdicó en favor del escritor español Javier Marías y de la
tradición literaria a la que Redonda, una isla desierta que depende desde 1865
de Antigua y Barbuda en el Mar Caribe, le debe su entidad. Se desconoce su
superficie exacta, carece de Internet y de teléfonos.
71. Los Galgos
Yo te miraba en la peluquería ahí sentado con babero y el pelo mojado y pensaba ese hombre es mío qué maravilla puedo quererlo todo lo que quiera puede hacer de mí lo que quiera es bueno saber que hay alguien que puede hacer con uno cualquier cosa.
Dice el diario escrito con líneas que cubren el viernes 20 y el sábado 21, escritas con tinta negra y sin puntuación.
Esa chica, la que tiene el pelo largo, jeans, borcegos y una campera de cuero cuando se besan, él y ella, a pocos metros de la muralla del castillo de Pedraza, en Segovia, una muralla con torres en un atardecer color de oro, no se acuerda del diario del que él le habla ni tampoco de que les hubieran sacado fotos en Pedraza.
Dos mujeres jóvenes, muy probablemente dos secretarias que trabajan en oficinas cercanas, las dos sobre los 30 años pero intentando que no parezcan más de 27, entran a tomar un café y lo primero que ven, ellas, es, para ellas, Tamara Maragall y se quedan con la boca abierta, caminan más despacio, eligen cualquier mesa y comienzan a cuchichear.
Esa chica no se acuerda del diario ni de que un día se lo dio, uno de esos días en que de pronto uno de los dos, en una pareja, mientras discuten, le dice al otro:
-¿Qué te pasa conmigo?
Y escucha como respuesta:
-¿Querés saber qué me pasa con vos? Leé esto.
Sin embargo, cuando un par de días después él reciba un mail de esa chica leerá que ella le pregunta con todas las letras por qué no le devolvió el diario y la foto como si fuese evidente que era lo que tendría que haber hecho. Y eso no será lo más duro, lo más ofensivo, lo más desconcertante que leerá.
Pero no quedará bien parado después de leerlo.
Dice el diario escrito con líneas que cubren el viernes 20 y el sábado 21, escritas con tinta negra y sin puntuación.
Esa chica, la que tiene el pelo largo, jeans, borcegos y una campera de cuero cuando se besan, él y ella, a pocos metros de la muralla del castillo de Pedraza, en Segovia, una muralla con torres en un atardecer color de oro, no se acuerda del diario del que él le habla ni tampoco de que les hubieran sacado fotos en Pedraza.
Dos mujeres jóvenes, muy probablemente dos secretarias que trabajan en oficinas cercanas, las dos sobre los 30 años pero intentando que no parezcan más de 27, entran a tomar un café y lo primero que ven, ellas, es, para ellas, Tamara Maragall y se quedan con la boca abierta, caminan más despacio, eligen cualquier mesa y comienzan a cuchichear.
Esa chica no se acuerda del diario ni de que un día se lo dio, uno de esos días en que de pronto uno de los dos, en una pareja, mientras discuten, le dice al otro:
-¿Qué te pasa conmigo?
Y escucha como respuesta:
-¿Querés saber qué me pasa con vos? Leé esto.
Sin embargo, cuando un par de días después él reciba un mail de esa chica leerá que ella le pregunta con todas las letras por qué no le devolvió el diario y la foto como si fuese evidente que era lo que tendría que haber hecho. Y eso no será lo más duro, lo más ofensivo, lo más desconcertante que leerá.
Pero no quedará bien parado después de leerlo.
David Lynch, Terciopelo azul (1986)
70. El ojo
Esta historia se encuentra en un punto de inflexión.
Hay temas que ya no reaparecerán.
Se han disuelto en el tiempo y en la memoria y en su lugar sólo quedan espacios vacíos.
Huecos.
Puntos ciegos.
Perec dice:
Hay temas que ya no reaparecerán.
Se han disuelto en el tiempo y en la memoria y en su lugar sólo quedan espacios vacíos.
Huecos.
Puntos ciegos.
Perec dice:
Algunas de las cosas que en todo caso tendría que hacer antes de morir:
Decidirme a tirar un cierto número de cosas que guardo sin saber por qué las guardo.
O bien:
Ordenar de una vez por todas mi biblioteca.
Adquirir varios aparatos electrodomésticos.
El libro es: Georges Perec, Nací (Éditios du Seuil 1990). Y a pesar de que a veces él se niega a hacerlo sin motivos razonables ahora, cuando como en este caso lee con los anteojos para leer, la visión parece fijarse o mejorar de modo que no termina leyendo sólo con el ojo derecho y el izquierdo cerrado.
A la mujer que necesitaba sparrings y no hombres le aburría, según sus palabras, leer a Perec o, en todo caso, no le aportaba nada para su trabajo.
Él nunca entendió muy bien qué quería decir ella porque él nunca sabe cuándo algo que lee le aporta, además de placer o descontento, algo para su trabajo pero parte de la base de que todo suma, aun cuando sea en la dirección más temible.
Esa mujer, en la conquista, desplegaba su tela donde inexorablemente quedarían atrapados los entes necesarios para su supervivencia y, a veces, para frotarse contra ellos y de esa manera ejercer una forma del sexo que en realidad -tal como suele decirse- prescindía por completo del otro más allá del trozo que ella necesitaba para frotarse. Era, sin embargo, una araña descartable. Y también lo sabía. Por eso buscaba adherirse a los entes que atrapaba hasta consumirlos por completo y evitar que se desprendieran de ella. Era, ella, por así decirlo, una Maman de entrecasa, o de cabotaje.
Tampoco le gustaba la película Perdidos en Tokio, sin dar razones, ni viajar en auto porque, decía, se mareaba.
Él lo sabe ya mejor que nunca: fue presa, con ella, de una ilusión óptica.
A ella no le gustaba decir que era dramaturga, le gustaba decir que escribía obras de teatro.
Uno de aquellos días finales, poco antes de la operación que buscó cerrar el agujero macular en el ojo izquierdo, al escucharla decir algo por el estilo, él se acordó de la última vez que vio a su padre.
Gente sin techo (CABA). Y fuera de foco.
69. Resumen
La mirada épica es aquella que, en el enorme vestíbulo de la estación de trenes, permanece inmutable, y afectada por todo (Peter Handke)
Las cosas no han cambiado mucho desde 29. Resumen
Y en rigor, más allá de ciertas especulaciones y de algunos movimientos todo está más o menos igual.
El único progreso posible más allá de que el final con la mujer que buscaba sparrings sea definitivo (él ya está convencido de que, si se enamoró, se enamoró de una ilusión óptica), de que el encuentro en el café Los Galgos con la chica que mejor lo quiso en la vida esté por terminar sin que aquella convicción haya quedado del todo bien parada, de la recuperación lenta y dudosa de la visión del ojo izquierdo y de los encuentros con su amigo Sivori, el progreso posible, decía, es hacia la disolución.
Las huellas se borran y de lo que tal vez hubo quedan recuerdos condenados a no ser absolutamente confiables.
Eso queda. O menos.
*
Es sencilla mi ropa...
Es sencilla mi ropa,
pobre mi hogar.
¡Soy una isleña
de islas remotas!
¡Nadie me hace falta!
si entras -pierdo el sueño.
Por calentarle la cena a un Extraño
quemaría mi casa.
Si me miras -ya nos conocemos,
si entras -¡quédate a vivir!
Es sencillo nuestro fuero,
está escrito en la sangre.
En la palma de la mano tendremos
la luna, si nos place.
Si te vas -es como si no existieras,
y como si tampoco yo existiera.
Miro la marca del cuchillo:
¿sanará antes
de que venga otro extraño
a pedirme agua?
pobre mi hogar.
¡Soy una isleña
de islas remotas!
¡Nadie me hace falta!
si entras -pierdo el sueño.
Por calentarle la cena a un Extraño
quemaría mi casa.
Si me miras -ya nos conocemos,
si entras -¡quédate a vivir!
Es sencillo nuestro fuero,
está escrito en la sangre.
En la palma de la mano tendremos
la luna, si nos place.
Si te vas -es como si no existieras,
y como si tampoco yo existiera.
Miro la marca del cuchillo:
¿sanará antes
de que venga otro extraño
a pedirme agua?
(Se cree que la versión
traducida al castellano de este poema de Marina Andréyev fue realizada por
Severo Sarduy)
*
*
Reino de Redonda, nación ficticia en el Mar Caribe, cerca de Antigua y Barbuda (estado insular independiente de las Antillas Menores).
*
*
Por último es probable que convenga agregar que la invitación de Sivori para salir a comer con Carola Holms y con María Fournier y para ver después en el departamento de Carola 06/05, la última película que realizó Theo van Gogh antes de ser asesinado en la calle, le parece, a él, sofisticada, o, mejor dicho, que las combinaciones de nacionalidades, países de residencia y lenguas que hablan y traducen estas chicas son lo que le parece sofisticado y lo que lo mantiene a punto de decir que mejor lo dejen para otro día.
68. Etcétera
I
El Beso de Jean Paul Baptiste Gask en su emplazamiento junto a El Rosedal (circa 2010)
II
El ex emplazamiento de El Beso de Jean Paul Baptiste Gask junto a El Rosedal (2012)
III
Fuentes no confiables dicen en la web que esta escultura es Figura de mujer de Lola Mora. Una visible placa al pie indica que se trata de El despertar de la Naturaleza de Juan de Pari
IV
Sofía Coppola, Perdidos en Tokio (2003) http://www.imdb.com/title/tt0335266/
V
Theo van Gogh, 06/05 (2004)
VI
Así se ve con una maculopatía óptica relativamente avanzada
VII
Louise Bourgeois, Maman (1999) en La Boca del Riachuelo (2011). Tan difícil de entender a veces por el psicoanálisis
67. Anexos
Sivori es director de cine independiente pero no venera ni entroniza a las instituciones dedicadas al cine independiente que veneran o entronizan los intelectuales que, como se sabe, casi no saben ni entienden nada de cine salvo que una película sea tan incomprensible o tan mala que eso los lleve a creer que esa película no puede ser otra cosa que una gran película y le dan el gran premio del Bafici.
Sivori, es fácil deducirlo, si bien obtuvo premios en festivales de cine independiente con sus tres películas, no goza, como se dice, ni de una gran reputación ni de un lógico reconocimiento por parte de otros directores o por parte de los intelectuales que no saben nada de cine. A Sivori lo respetan, lo aman y lo defienden todos los actores, todas las actrices y todos los técnicos que han trabajado y trabajan con él.
Es por eso, quizás, que a Sivori y a él les resulta tan fácil y tan reconfortante ser amigos.
No creen en boludeces.
Ahora toman un par de cervezas en el bar que está a la vuelta de la casa de Sivori desde donde se ven los árboles más altos del Jardín Botánico y los jacarandás y las tipas que están en primera fila y Sivori le dice que no tiene que dejar de escribir, que dejar de escribir porque nadie está esperando ya los libros que publican los escritores no es la solución, que la solución es no publicar los libros que escribe, porque para él escribir tiene el mismo sentido constitutivo y central que tiene para él, para Sivori, seguir haciendo cine.
Y piensa, para dar un ejemplo poco conocido, que 06/05, la película holandesa que Theo van Gogh terminó de filmar a fines de 2004, pocos meses antes de que a los 47 años un islamita fundamentalista y compatriota de origen marroquí, lo asesinara en la calle, es una película que no ha tenido el reconocimiento que pudo haber tenido, porque para Sivori, si bien 06/05 no es una gran película, es una película llena de aciertos. De todas maneras, para no parecer otro intelectual narcisista, entre otras cosas, no habla en público de la consideración que le mereció siempre la película de van Gogh.*
Y le propone, Sivori, sentados a una mesa de la terraza del bar mientras toman cerveza, que vayan esta noche a comer a Guido con Carola Holms y con María Fournier y que después vean 06/05 en la casa de Carola, un departamento antiguo en la esquina de Cerviño y Lafinur, frente al boulevard arbolado.
Sivori, es fácil deducirlo, si bien obtuvo premios en festivales de cine independiente con sus tres películas, no goza, como se dice, ni de una gran reputación ni de un lógico reconocimiento por parte de otros directores o por parte de los intelectuales que no saben nada de cine. A Sivori lo respetan, lo aman y lo defienden todos los actores, todas las actrices y todos los técnicos que han trabajado y trabajan con él.
Es por eso, quizás, que a Sivori y a él les resulta tan fácil y tan reconfortante ser amigos.
No creen en boludeces.
Ahora toman un par de cervezas en el bar que está a la vuelta de la casa de Sivori desde donde se ven los árboles más altos del Jardín Botánico y los jacarandás y las tipas que están en primera fila y Sivori le dice que no tiene que dejar de escribir, que dejar de escribir porque nadie está esperando ya los libros que publican los escritores no es la solución, que la solución es no publicar los libros que escribe, porque para él escribir tiene el mismo sentido constitutivo y central que tiene para él, para Sivori, seguir haciendo cine.
Y piensa, para dar un ejemplo poco conocido, que 06/05, la película holandesa que Theo van Gogh terminó de filmar a fines de 2004, pocos meses antes de que a los 47 años un islamita fundamentalista y compatriota de origen marroquí, lo asesinara en la calle, es una película que no ha tenido el reconocimiento que pudo haber tenido, porque para Sivori, si bien 06/05 no es una gran película, es una película llena de aciertos. De todas maneras, para no parecer otro intelectual narcisista, entre otras cosas, no habla en público de la consideración que le mereció siempre la película de van Gogh.*
Y le propone, Sivori, sentados a una mesa de la terraza del bar mientras toman cerveza, que vayan esta noche a comer a Guido con Carola Holms y con María Fournier y que después vean 06/05 en la casa de Carola, un departamento antiguo en la esquina de Cerviño y Lafinur, frente al boulevard arbolado.
Theo van Gogh
* On May 6, 2002, Pim Fortuyn, a Dutch anti-immigration politician and leader of the opposition, is assassinated. Nearby, photojournalist Jim de Booy is taking pictures of a TV star; he notices odd things and people. Over the next few days, Jim uncovers a conspiracy behind the murder, a plot involving Dutch state security, defense contractors, and shadowy Americans. A key to understanding the plot may be a Turkish woman, Ayse Him, an animal-rights activist recently released from prison. Jim searches for her. State security soon knows of his investigation and that puts him and his 16-year old daughter Marije in danger.
66. Otra historia
Las cosas se descubren
a través de los recuerdos que de ellas se tienen.
Recordar una cosa significa verla -solamente ahora- por primera vez.
Recordar una cosa significa verla -solamente ahora- por primera vez.
Cesare Pavese
Escribir es siempre un combate del escritor contra sí mismo (mejor aún: son muchos combates particulares).
Peter Handke
Un ejemplo: huir en la dirección equivocada.
Si la realidad no existe, o es sólo un discurso, o un conjunto de discursos sociales que componen eso que se ha dado en llamar la realidad, si la realidad es una ilusión óptica, ¿qué produce el dolor?
La respuesta es clara y distinta: los sentimientos.
El dolor es producido por los sentimientos.
Y los sentimientos son la única realidad.
Mientras toman un par de cervezas en la terraza de un bar a la vuelta de su casa Sivori le dice que está en Buenos Aires Carola, su amiga Carola Holms que es traductora simultánea en la Unión Europea y que vive en Bruselas. Está en Buenos Aires, esta vez, dice Sivori, con una compañera de trabajo, una mujer que se llama María Fournier. Cuando se encuentran, Carola y Sivori, sostienen una relación de mucho cariño, les gusta ver películas juntos y se arma entre ellos un fluido erótico que los reúne más. Carola Holms vive en Bruselas con su novia, Simone Borghini, una chica elegante, atractiva y llena de dinero. Accionista de numerosas empresas tiene una participación en la filial belga de Zentropa, la productora cinematográfica de Lars von Trier. María Fournier es un par de años menor que Carola, francesa de madre argentina y también traductora simultánea en la Unión Europea. Esta noche, le dice Sivori, vamos a comer a Guido, en República de la India, que no está en su mejor momento pero que a Carola le encanta y quiere que María lo conozca.
¿Venís?
Los diccionarios no sirven para escribir y para casi nada. Pero si se los consulta se verá que las nociones de real y realidad son exactamente opuestas a las que aquí consideramos exactas: real se aplica por oposición a imaginario o inexistente y realidad sería el hecho de existir. La Real Academia y María Moliner suscriben estas definiciones por ausencia, como cuando dicen que el frío es ausencia o falta de calor. Mejor entonces ni preocuparse por buscar para ver qué dicen de existencia porque las cosas se les complican. Baste decir entonces y por ahora que todos los personajes de esta historia son.
65. El ojo
Mis versos,
escritos tan temprano...
Mis versos, escritos tan temprano
que no sabía aún que era poeta,
inquietos como gotas de una fuente,
como chispas de un cometa,
lanzados como ágiles diablillos al asalto
del santuario donde todo es sueño e incienso,
mis versos de juventud y de muerte
-¡mis versos, que nadie lee!-,
en el polvo de los estantes dispersos
-¡que ninguna mano toca!-,
como vinos preciosos, mis versos
también tendrán su hora.
que no sabía aún que era poeta,
inquietos como gotas de una fuente,
como chispas de un cometa,
lanzados como ágiles diablillos al asalto
del santuario donde todo es sueño e incienso,
mis versos de juventud y de muerte
-¡mis versos, que nadie lee!-,
en el polvo de los estantes dispersos
-¡que ninguna mano toca!-,
como vinos preciosos, mis versos
también tendrán su hora.
(Se cree que la versión traducida al castellano de este
poema de Marina Andréyev fue realizada por Severo Sarduy)
Él no sólo encontró en las cajas, archivadas en un armario de una habitación que casi no usa y que tuvo que abrir en busca de otra cosa, el diario de Tamara. Encontró fotos -una foto frente al castillo de Pedraza, Segovia, no muy lejos de Madrid, una fortaleza construida en el siglo XIII, en la que se están besando en el atardecer-, encontró cartas, y encontró tres poemas de Marina Andréyev, la abuela de ella, traducidos y escritos a mano en papel biblia.
La abuela le había dicho alguna vez a ella que las versiones en castellano de esos poemas eran de Severo Sarduy. Pero nunca le explicó para qué Sarduy había hecho o participado en esas traducciones.
Él lee, ahora, cuando lee, con sus nuevas gafas de lectura.
Y debe reconocerse a sí mismo que leer con esas gafas facilita las cosas, como si eso que el ojo izquierdo todavía no ve bien, se viera mejor.
Cuando no lee, cuando dormita y de pronto abre los ojos y se cuelga algunos minutos en cualquier película hoy -lo sabrá después- ve fragmentos de una película rarísima: 06/05 dirigida en 2004 por Theo van Gogh. Y le llamará la atención, cuando se entere en IMDb que además es una película holandesa, un drama policial que se estrenó el 23 de febrero de 2005, tres meses después de que un islamita fundamentalista holandés de 26 años asesinara en la calle a van Gogh.
A veces, no sabe por qué, se acuerda de la mujer que buscaba sparrings, la que tanto lo maltrató el día en que le operaron el ojo izquierdo. Entonces prefiere fumar un poco más de marihuana y seguir dormitando.
Con un poco de suerte cuando vuelva a abrir los ojos 06/05 todavía no habrá terminado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


























